Hay... Había un dramaturgo muy seco, cuyo legado abarca desde la obra infantil hasta el teatro del absurdo, pasando por la difícil y poca incursionada área de los tópicos juveniles. Poco reconocido para mi gusto (porque en este país el artista tiene que morir para que le demos el valor que merece, y aún con esta condición de difunto este escritor NO goza de la popularidad que debería... aunque es difícil que muerto se goze mucho...), Jorge Díaz seguramente no le suene para nada, pues bien, quizás alguna profe latera de lenguaje y comunicación (castellano, para ti que no viviste la reforma) le hizo leer y/o incluso dramatizar obras como "el cepillo de dientes", "instrucciones para cambiar de piel" o (y si esto no le suena familiar, se pega un tiro: IGNORANTE) "el mundo es un pañuelo" clásico! (una pista: "a volar, a volar... el mundo es un pañuelo y todo es empezar") ¿Ahora sí hablamos de los mismo? Eso no es todo, voy a apelar a el estereotipo que me he creado del chileno típico apostando a que el sgte dato convertirá a Díaz en un autor digno de su orgullo aprecio.... ¡ES CHILENO! SÍ! Y ha ganado infinidad de premios, vayan pegándose la cachá, loghos.
"El lugar donde mueren los mamíferos" Es una obra que me tocó leer, y releer, analizar para luego memorizar... En fin, hacía teatro de repente ¡Sorpresa! Del género del absurdo, trata sobre un grupo de beneficencia dedicado a ayudar a los pobres, la trama es que ya no quedan pobres y esta gente 'tan enfermamente solidaria' necesita con urgencia encontrar un indigente para poder seguir con la labor de su fundación.
Así es como un día, cuando ya se sentían rendidos, encuentran a Chatarra, el único pobre que parece ir quedando. De modo que, no pueden perderlo: y ayudarlo (osea, contribuir a que deje de ser pobre) es precisamente eso: PERDERLO. Si esto ocurre, vuelven al principio.
Es una obra fuertona que te cala hondo, interesantísima y más que recomendable. Para terminar voy a transcribir el parlamento número 494, un monólogo de Chatarra. Advierto, para quienes aún no conocen el texto, que si bien no dice nada que te cague la obra, es la mejor parte, al menos a mí parecer. Lo digo pa que no pierda la gracia... bueno, ahí va.
A mí me gusta tanto que lo escribí en mi pared... Sí, podríamos decir que tengo a Jorge Díaz contra-la-pared.
494. CHATARRA: Yo no sabía si estaba en una cárcel o en un burdel. Ahora lo sé. Sé lo que es. Soñé una vez que me sacaban la ropa como ahora y me clavaban sobre un viejo portón oxidado. Había escapado entre los hierros, pero consiguieron aplastarme con los brazos abiertos sobre el portón cerrado. Desperté gritando. Todavía oigo el martillo. El "ángel" ladró toda la noche (se mira las manos y le habla al perro que tiene a sus pies) No es sangre, "ángel", no es sangre. Es el óxido en las manos. ¿Nadie tiene un cordel? "Ángel", he buscado el resposo. Un lugar de sombra donde esperar, como tu, a recibir el golpe o el mordisco. ¿Estás ahí, "ángel"...? Ayer me perdí entre las bicicletas quebradas y encontré en un agujero un hombre sin cara y una mujer con los pechos herrumbrados. Sabes, "Ángel"? Era la Ofelia. Te molesta la luz, ángel. Ya sé, aquí no hay sombra, si no es una escuela debe ser un teatro donde reparten los premios y los castigos: diplomas y muecas. Lo único que verdaderamente me gustaría tener es un cordel para amarrarme los pantalones. Lo necesito, Ángel, lo necesito. En un basural se encuentra de todo, pero no he encontrado un cordel. ¿Alguien ha visto la carne, la carne humana...? Olvídate, Chatarra, olvídate de eso también. No quisiera molestar... pero, ¿nadie, absolutamente nadie, tiene un pedacito de cordel?
GENIO.
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1 comentario:
Me alegro de poder decir que no soy tan ignorante ya que sí sabía de Jorge Díaz :)
Creo que no hay que sorprenderse porque los dramaturgos no sean reconocidos (ni hablar de que sean famosos, por lo menos entre nosotros), lo extraño sería lo contrario.
Pero también creo que si una persona se dedica a algo en lo cual sabe que no obtendrá reconocimiento inmediato, por muy merecido que lo tenga, es porque realmente hace lo que le gusta, lo que le satisface a él primero que a nadie.
Eso ya es una recompensa... me parece.
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