De qué patria me están hablando, qué celebración extraña es esta que exhibe animales muertos atravezados cual crucificación; sometidos al fuego mientras cantamos alegres y encolerizados, cegados por el alcohol.
qué independencia de Chile, si Chile es más dependiente que la cresta. Somos exportadores terciarios desde la llegada española a nuestras tierras, y hoy; 2008, seguimos en las mismas: el día que nuestro cobre, fruta, madera o lo que sea; deje de ser de interés, nos fuimos a pique. Nuestra economía neolieralista, por muy adelantada que parezca y por muy pioneros que hayamos sido en el tema, no están comiendo vivos. No usamos cobre. Usamos cables y cuanta cosa se hace-con-cobre. Pero nosotrxs no lo producimos, sólo extraemos; esa elaboración la llevan a cabo las transnacionales que nos tienen lamiéndoles las zuelas. y la cultura? ay, la cultura! una actitud malichista nos corre pos las venas haciendo que sólo una vez al año nos acordemos de nuestra identidad criolla; un rechazo a nuestras raíces con ansias de "progreso" nos llevan a imitar lo externo, que se supone mejor. de qué independencia me están hablando, si nuestra presidenta se ve encrucijada ante defender sus alianzas con la región latina o ceder ante la mano norteamericana con la cual estamos comprometidos hasta las entrañas. de qué independecia me están hablando, de cuál. que el 18 de septiembre fue sólo el primer cabildo con objetivo de respetar y seguir bajo la dominación de la corona española apresada por napoleón bonaparte; la verdadera "liberación" de cualquier sometimiento fue en febrero... y jamás logramos liberarnos verdaderamente =/
domingo, 14 de septiembre de 2008
viernes, 5 de septiembre de 2008
Magdalena
Magdalena, la histórica puta escogida por el hijo de Dios. Amor bien es el de las putas; amor que escucha atenta, goza, ríe y llora. Amor que cuida y otorga. Amor que escogió un profeta, amor que recibió sin pagar y para siempre. Todas las noches, con él, la puta se hace princesa; un día llegará ése que la quiera para siempre. Como Jesús. Entonces ella será santa guardiana de amor y fidelidad a ése que le paga con amor.
Me miro en el espejo y mi reflejo me grita puta
la más puta de todas las vírgenes
Carne querida, carne herida
La más puta de todas las vírgenes
virgen cansada de tanto amar,
de tanto correr postrada,
de tanto gritar callada.
Miénteme y llámame princesa
Prometo, ya sabes; ir contigo,
Mirarte con ternura y deseo,
Reírme de tus chistes estúpidos y todas las cosas que implica el amor…
Sólo quiero que venga y se quede para siempre
Si “para siempre” dura año y medio, no importa
Él me quiso alguna vez “para siempre” y yo le creí, con eso basta.
He dejado de hablarle.
Le he dado todo de mí.
Le he sacado celos.
He mentido, escapado y fingido por él.
Lo he tratado mal
Le odio tanto que
Quiero darle todo lo que soy y lo que puedo llegar a ser
Escógeme a mí
Anda, escógeme a mí
Deja a la puta de tus señoras, te ofrezco la más señora de las putas
Déjala
No he venido a destruir su pacto
¿Pero acaso éste no se quebró antes que comenzaras a buscarme?
No sé si la felicidad está conmigo
Pero sé que junto a ella estás muy solo
Mi amor, que no es mío; deja de lado esos “qué dirán” que te carcomen el alma,
Olvídate de las tradiciones que te ahogan, quítate esos miedos que te tienen limitado
Es hora de ser
Me miro en el espejo y mi reflejo me grita puta
la más puta de todas las vírgenes
Carne querida, carne herida
La más puta de todas las vírgenes
virgen cansada de tanto amar,
de tanto correr postrada,
de tanto gritar callada.
Miénteme y llámame princesa
Prometo, ya sabes; ir contigo,
Mirarte con ternura y deseo,
Reírme de tus chistes estúpidos y todas las cosas que implica el amor…
Sólo quiero que venga y se quede para siempre
Si “para siempre” dura año y medio, no importa
Él me quiso alguna vez “para siempre” y yo le creí, con eso basta.
He dejado de hablarle.
Le he dado todo de mí.
Le he sacado celos.
He mentido, escapado y fingido por él.
Lo he tratado mal
Le odio tanto que
Quiero darle todo lo que soy y lo que puedo llegar a ser
Escógeme a mí
Anda, escógeme a mí
Deja a la puta de tus señoras, te ofrezco la más señora de las putas
Déjala
No he venido a destruir su pacto
¿Pero acaso éste no se quebró antes que comenzaras a buscarme?
No sé si la felicidad está conmigo
Pero sé que junto a ella estás muy solo
Mi amor, que no es mío; deja de lado esos “qué dirán” que te carcomen el alma,
Olvídate de las tradiciones que te ahogan, quítate esos miedos que te tienen limitado
Es hora de ser
jueves, 24 de julio de 2008
EL/ELLA
Corté el teléfono y la miré, ansioso. Aprovechemos el tiempo, debo irme pronto; debo ir a la casa de ella. Le dije que se sentara junto a mí y ella me miró desde las alturas, de pie apoyada en el poste. Arisca me dijo que no. Soberbio. Soberbia por su actitud distante y engreída; pero soberbia también en el otro sentido, soberbia ella, soberbia su belleza escurridiza y soberbios mis ojos gozosos, mis manos deseosas y mi torpe corazón aturdido. Insistí, preocupado. Me dijo que no alcanzaríamos (tomando en cuenta mi conversación telefónica con mi novia, se dio cuenta que me iría pronto). Le ofrecí media hora más, sólo para ella; todo para ella. No sé porqué se molesta tanto, ella sabe cómo son las cosas y sabe quién es más importante: mi novia. Entre la amiga y la novia no hay por dónde perderse aparte que poco y nada puedo ver a mi chica, mi nena. Mi nena, mi nena. Por más que desee a mi amiga, en deseo se queda. Y nada sabe ella, ¿o sí? A preguntar.
Dice que se puso celosa, no quiero indagar más. Me quiere. Quizás me quedaría más pero ella quiere que me vaya: quién te entiende, mujer.
Mientras hablaba con ella le dijo que iría a su casa a verla, cuando se desocupara. Cuando se desocupara… des-ocupara: ocupado, ocupación: trabajo, faena, labor, que hacer, tarea, obligación… así me sentí y puta que lo odié. Se sentó y me invitó a hacer lo mismo. Comprendí que nunca seríamos nosotros y no quiero admitir que me doliera, pero no sé; ya no tenía ganas de nada. Estaba apoyada en un poste y miré al cielo para confirmarlo. Sí, un poste. Ve a saber tú porqué hay asientos junto a un poste, en fin: no viene al caso. Quizás fui muy obvia pero él me preguntó si tenía algo que contarle. Tengo que contarte que acabo de darme cuenta que estamos destinados a amarnos y ser felices juntos… pasando largos temporales estudiando, meditando y haciendo buena música en algún lugar alejado; de preferencia, una casa sencilla cerca de un río y de cerros con mucho verde y puro sol. Comiendo frutas y jugando con instrumentos musicales, lápices, pinceles, animales. Visitar el mar y la nieve, tener hijos con nombres atípicos y casarnos el día fuera del tiempo en alguna zona mística ante un monje neo hippie chamán gitano de la samba canuta. Te amo. Pero sólo te contaré que me puso celosa escucharte hablar con tu novia, me molesta no ser yo y me molesta haber admitido mis celos: quiero rime corriendo, ahora. Qué humillante, vete.
Dice que se puso celosa, no quiero indagar más. Me quiere. Quizás me quedaría más pero ella quiere que me vaya: quién te entiende, mujer.
Mientras hablaba con ella le dijo que iría a su casa a verla, cuando se desocupara. Cuando se desocupara… des-ocupara: ocupado, ocupación: trabajo, faena, labor, que hacer, tarea, obligación… así me sentí y puta que lo odié. Se sentó y me invitó a hacer lo mismo. Comprendí que nunca seríamos nosotros y no quiero admitir que me doliera, pero no sé; ya no tenía ganas de nada. Estaba apoyada en un poste y miré al cielo para confirmarlo. Sí, un poste. Ve a saber tú porqué hay asientos junto a un poste, en fin: no viene al caso. Quizás fui muy obvia pero él me preguntó si tenía algo que contarle. Tengo que contarte que acabo de darme cuenta que estamos destinados a amarnos y ser felices juntos… pasando largos temporales estudiando, meditando y haciendo buena música en algún lugar alejado; de preferencia, una casa sencilla cerca de un río y de cerros con mucho verde y puro sol. Comiendo frutas y jugando con instrumentos musicales, lápices, pinceles, animales. Visitar el mar y la nieve, tener hijos con nombres atípicos y casarnos el día fuera del tiempo en alguna zona mística ante un monje neo hippie chamán gitano de la samba canuta. Te amo. Pero sólo te contaré que me puso celosa escucharte hablar con tu novia, me molesta no ser yo y me molesta haber admitido mis celos: quiero rime corriendo, ahora. Qué humillante, vete.
sábado, 14 de junio de 2008
"No sé lo que es el mundo, pero sé que es mío"
Parece poco lógico, pero en la práctica es posible observar lo cierto de este hecho: Pese a vivir y ser parte del mundo, definirlo es casi una tarea imposible. Más aún bajo las condiciones de la “Era tecnológica” en la cual nos desarrollamos actualmente, la cual, mantiene al mundo en constante cambio; lo que dificulta aún más su comprensión. ¿Qué es el mundo? Decir que éste es un planeta compuesto de tierra, agua, aire y un sinfín de especies –entre ellas, los seres humanos-, no logra contestar la pregunta del todo, aunque sí descubre un punto importante. Volviendo a la cita del principio, entre sus muchos componentes, estamos nosotros: las personas.
Los humanos. Seres que interaccionan y se asocian para satisfacer sus necesidades individuales. Resultan las sociedades; el conjunto de personas que comparten una cultura, rasgos comunes como la mentalidad, las instituciones, las necesidades, las estructuras, estamentos, lenguaje, etc. Elementos que conforman una identidad con ritos y costumbres propias. Pero las sociedades cambian y sus culturas varían. Y si los anteriores forman parte importante del mundo, éste también sufre las consecuencias de sus modificaciones y se ve condicionado al cambio. Especialmente en esta época donde la tecnología marca profundamente a la sociedad y genera en ella una movilidad rápida y constante. Precisamente, esta será la hipótesis a desarrollar en el presente ensayo: La globalización influye en la mentalidad y conducta de los individuos y así, en sus estructuras y desarrollos sociales. ¿Cómo enfrentarse a este mundo que se transforma interminablemente, en nuestra calidad de jóvenes? Sobre nuestros hombros cierne (y pesa) la consigna del “futuro”. Se nos encomienda la tarea de ser “Los líderes del mañana”; un mañana cuya mejora o retroceso con respecto al presente es de exclusiva responsabilidad nuestra.
Qué mundo el nuestro, ¿no? Estamos llenos de comodidades, el conocimiento abunda, los pajaritos cantan y la dictadura de la democracia y la libertad parece inamovible. La globalización ya no se molesta siquiera en tocar la puerta, hace rato se ha posicionado en nuestras vidas como la mejor amante; presente y –al parecer- indispensable en todo momento. Las revoluciones tecnológicas ya no se aprecian como tales, cada vez tienen menos diferencia temporal entre la aparición de una y otra, así como cada vez son cambios más profundos que definitivamente, nos afectan. Esto se explica en la frase de Peter Ustinov “Al progreso no hay quien lo pare. Dios creó el mundo en seis días, ¿Y qué tenemos hoy? La semana en cinco días”. Tal es la situación que percibimos este fenómeno como algo propio, prácticamente natural en nuestras vidas. La reflexión y conciencia de esto carecen de importancia y utilidad para las necesidades de los tiempos, son desechadas.
Los impactos de la globalización traen consigo una mentalidad que prioriza la eficiencia: mayor producción al menor costo posible. De manera que se genera la necesidad de abaratar el trabajo; la mano de obra se especializa y divide, cada vez menos sofisticada y de rol cada vez más limitado. Asimismo, adquiere importancia el tiempo y aprovechar éste al máximo. La velocidad se vuelve obligación, por más que lo intentemos siempre estamos atrasados. ¿Resultado? Sobreproducción, precios más asequibles para la población, la cual se ve dotada de un carácter consumista, superficial, materialista, impulsivo y, sobretodo, insaciable. Mientras más bienes puedan adquirirse, mejor. El hombre se separa del producto de su trabajo. Ya no percibe satisfacción ejerciendo éste, sino que busca la compensación por él para poder acceder a más y más bienes. A nosotros, los jóvenes, se nos cría con la valiosa herramienta de la educación, la cual nos permitirá acceder a un mundo laboral que nos satisfaga, pero según lo anteriormente planteado ¿En qué consiste dicha satisfacción? ¿Una casa en la playa para ir los fines de semana con cinco Mercedes en el estacionamiento? En esta sociedad donde “Más es mejor”, lamentablemente, lo anterior es ley. Al priorizarse las riquezas materiales, su abundancia afecta la status social. Así las carreras “tradicionales” se potencian pues “aseguran un buen pasar”, una mejor calidad de vida la cual se entiende, como se ha explicado, en ingresos altos.
En esta sociedad “globalizada” el tema de la educación superior y el título profesional adquieren relevancia. Por una parte, por lo ya mencionado en cuanto a la “estabilidad económica” y bienestar que se pretende, con lo cual se adquiere la aprobación del resto. También significa el hecho observable de la transición de adolescente en adulto. La obtención de un título profesional se traduce en respeto e independencia. La universidad aparece casi como un deber social. Ésta están tan inserta en nuestro inconciente que se le toma prácticamente como una etapa de la vida, la cual está casi prediseñada: nacer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos y morir (sin dejar de trabajar hasta que la edad u otros lo impidan). Saltarse una de estas fases es como exiliarse del mundo social. Si no se estudia, no se es nadie. No trabajar: holgazán. Quien no se casa ni tiene hijos siembra la duda sobre su sexualidad. Vale preguntarse ¿Tenemos voluntad, después de todo? Somos libres, estamos en democracia; pero sin darnos cuenta hemos tejido nuestra propia cárcel y hacemos las cosas casi por inercia, incluso determinar cuál será nuestra vocación.
Nuestra educación ya no es la misma que tuvieron nuestros progenitores (Insisto en los grandes y rápidos cambios sociales productos de la globalización). Quien hace pocos años aspiraba a una educación superior debía hacer la P.A.A. (Prueba de aptitud académica). Hoy la P.S.U. (Prueba de selección universitaria) es la que no deja dormir a los jóvenes. Una explosión de establecimientos educacionales también ha caracterizado nuestra época. Una variada oferta de carreras, años de estudio, precios, facilidades de pago, etc. Promueven la masiva profesionalización de las personas, dejando las otras alternativas cada vez más reducidas. La deserción educacional significa un fracaso y un estigma social del cual es difícil escapar ¿Y no estamos presionados?
No es posible definir qué es el mundo, mucho menos si éste se escapa de nuestro control por nuestras constantes transformaciones sociales. La globalización nos ha obligado a ser “eficientes” y rápidos, ha promovido la masificación y homogeneización de la sociedad, provocando modificaciones –y en muchos casos- pérdidas de culturas. Los ritos pierden importancia por carecer de “utilidades” y las identidades se corrompen. ¿Cómo definir así qué es el mundo? Sólo sabemos que es nuestro porque lo conformamos y que se mueve a nuestro ritmo, ejercemos influencias sobre él. Somos jóvenes, la esperanza, los líderes del mañana. ¿Por qué no puede ser nuestra influencia sobre el mundo positiva, constructiva y en definitiva, de mejora? No quiero partirme la cabeza estudiando para acceder a un trabajo con el fin de obtener un gran salario. Quiero trabajar para sentirme útil en la sociedad, haciendo algo que me motive. El trabajo no debería ser concebido como un medio para conseguir un fin (dinero). El trabajo debería ser el fin en sí. La realización personal debería adquirir mayor importancia, de modo que el trabajar en algo que apasione se convierta en una necesidad para las personas, de manera que pueda ser utilizada esta “necesidad de trabajar” como un recurso. Eso sí que es eficiencia. Pero las condiciones sociales actuales tienen un poder coercitivo fuerte y enfrentarse a esto es más que complicado. Por otro, es posible usarlo a nuestro favor. Después de todo, somos afortunados a poder acceder a una carrera universitaria, y como es la mentalidad contemporánea, con un título bajo el brazo nuestra voz adquiere más fuerza. El potencial cambio que podemos lograr en el mundo se ve más próximo. En cualquier caso, si el mundo es nuestro, si somos el mundo podemos concluir con que con cambiar nosotros, cambiamos el todo. Es un cliché cursi y de los más clásicos, pero después de toda esta explicación la frasecita típica se enaltece: “Si quieres cambiar al mundo, parte por cambiarte a ti mismo”.
Los humanos. Seres que interaccionan y se asocian para satisfacer sus necesidades individuales. Resultan las sociedades; el conjunto de personas que comparten una cultura, rasgos comunes como la mentalidad, las instituciones, las necesidades, las estructuras, estamentos, lenguaje, etc. Elementos que conforman una identidad con ritos y costumbres propias. Pero las sociedades cambian y sus culturas varían. Y si los anteriores forman parte importante del mundo, éste también sufre las consecuencias de sus modificaciones y se ve condicionado al cambio. Especialmente en esta época donde la tecnología marca profundamente a la sociedad y genera en ella una movilidad rápida y constante. Precisamente, esta será la hipótesis a desarrollar en el presente ensayo: La globalización influye en la mentalidad y conducta de los individuos y así, en sus estructuras y desarrollos sociales. ¿Cómo enfrentarse a este mundo que se transforma interminablemente, en nuestra calidad de jóvenes? Sobre nuestros hombros cierne (y pesa) la consigna del “futuro”. Se nos encomienda la tarea de ser “Los líderes del mañana”; un mañana cuya mejora o retroceso con respecto al presente es de exclusiva responsabilidad nuestra.
Qué mundo el nuestro, ¿no? Estamos llenos de comodidades, el conocimiento abunda, los pajaritos cantan y la dictadura de la democracia y la libertad parece inamovible. La globalización ya no se molesta siquiera en tocar la puerta, hace rato se ha posicionado en nuestras vidas como la mejor amante; presente y –al parecer- indispensable en todo momento. Las revoluciones tecnológicas ya no se aprecian como tales, cada vez tienen menos diferencia temporal entre la aparición de una y otra, así como cada vez son cambios más profundos que definitivamente, nos afectan. Esto se explica en la frase de Peter Ustinov “Al progreso no hay quien lo pare. Dios creó el mundo en seis días, ¿Y qué tenemos hoy? La semana en cinco días”. Tal es la situación que percibimos este fenómeno como algo propio, prácticamente natural en nuestras vidas. La reflexión y conciencia de esto carecen de importancia y utilidad para las necesidades de los tiempos, son desechadas.
Los impactos de la globalización traen consigo una mentalidad que prioriza la eficiencia: mayor producción al menor costo posible. De manera que se genera la necesidad de abaratar el trabajo; la mano de obra se especializa y divide, cada vez menos sofisticada y de rol cada vez más limitado. Asimismo, adquiere importancia el tiempo y aprovechar éste al máximo. La velocidad se vuelve obligación, por más que lo intentemos siempre estamos atrasados. ¿Resultado? Sobreproducción, precios más asequibles para la población, la cual se ve dotada de un carácter consumista, superficial, materialista, impulsivo y, sobretodo, insaciable. Mientras más bienes puedan adquirirse, mejor. El hombre se separa del producto de su trabajo. Ya no percibe satisfacción ejerciendo éste, sino que busca la compensación por él para poder acceder a más y más bienes. A nosotros, los jóvenes, se nos cría con la valiosa herramienta de la educación, la cual nos permitirá acceder a un mundo laboral que nos satisfaga, pero según lo anteriormente planteado ¿En qué consiste dicha satisfacción? ¿Una casa en la playa para ir los fines de semana con cinco Mercedes en el estacionamiento? En esta sociedad donde “Más es mejor”, lamentablemente, lo anterior es ley. Al priorizarse las riquezas materiales, su abundancia afecta la status social. Así las carreras “tradicionales” se potencian pues “aseguran un buen pasar”, una mejor calidad de vida la cual se entiende, como se ha explicado, en ingresos altos.
En esta sociedad “globalizada” el tema de la educación superior y el título profesional adquieren relevancia. Por una parte, por lo ya mencionado en cuanto a la “estabilidad económica” y bienestar que se pretende, con lo cual se adquiere la aprobación del resto. También significa el hecho observable de la transición de adolescente en adulto. La obtención de un título profesional se traduce en respeto e independencia. La universidad aparece casi como un deber social. Ésta están tan inserta en nuestro inconciente que se le toma prácticamente como una etapa de la vida, la cual está casi prediseñada: nacer, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos y morir (sin dejar de trabajar hasta que la edad u otros lo impidan). Saltarse una de estas fases es como exiliarse del mundo social. Si no se estudia, no se es nadie. No trabajar: holgazán. Quien no se casa ni tiene hijos siembra la duda sobre su sexualidad. Vale preguntarse ¿Tenemos voluntad, después de todo? Somos libres, estamos en democracia; pero sin darnos cuenta hemos tejido nuestra propia cárcel y hacemos las cosas casi por inercia, incluso determinar cuál será nuestra vocación.
Nuestra educación ya no es la misma que tuvieron nuestros progenitores (Insisto en los grandes y rápidos cambios sociales productos de la globalización). Quien hace pocos años aspiraba a una educación superior debía hacer la P.A.A. (Prueba de aptitud académica). Hoy la P.S.U. (Prueba de selección universitaria) es la que no deja dormir a los jóvenes. Una explosión de establecimientos educacionales también ha caracterizado nuestra época. Una variada oferta de carreras, años de estudio, precios, facilidades de pago, etc. Promueven la masiva profesionalización de las personas, dejando las otras alternativas cada vez más reducidas. La deserción educacional significa un fracaso y un estigma social del cual es difícil escapar ¿Y no estamos presionados?
No es posible definir qué es el mundo, mucho menos si éste se escapa de nuestro control por nuestras constantes transformaciones sociales. La globalización nos ha obligado a ser “eficientes” y rápidos, ha promovido la masificación y homogeneización de la sociedad, provocando modificaciones –y en muchos casos- pérdidas de culturas. Los ritos pierden importancia por carecer de “utilidades” y las identidades se corrompen. ¿Cómo definir así qué es el mundo? Sólo sabemos que es nuestro porque lo conformamos y que se mueve a nuestro ritmo, ejercemos influencias sobre él. Somos jóvenes, la esperanza, los líderes del mañana. ¿Por qué no puede ser nuestra influencia sobre el mundo positiva, constructiva y en definitiva, de mejora? No quiero partirme la cabeza estudiando para acceder a un trabajo con el fin de obtener un gran salario. Quiero trabajar para sentirme útil en la sociedad, haciendo algo que me motive. El trabajo no debería ser concebido como un medio para conseguir un fin (dinero). El trabajo debería ser el fin en sí. La realización personal debería adquirir mayor importancia, de modo que el trabajar en algo que apasione se convierta en una necesidad para las personas, de manera que pueda ser utilizada esta “necesidad de trabajar” como un recurso. Eso sí que es eficiencia. Pero las condiciones sociales actuales tienen un poder coercitivo fuerte y enfrentarse a esto es más que complicado. Por otro, es posible usarlo a nuestro favor. Después de todo, somos afortunados a poder acceder a una carrera universitaria, y como es la mentalidad contemporánea, con un título bajo el brazo nuestra voz adquiere más fuerza. El potencial cambio que podemos lograr en el mundo se ve más próximo. En cualquier caso, si el mundo es nuestro, si somos el mundo podemos concluir con que con cambiar nosotros, cambiamos el todo. Es un cliché cursi y de los más clásicos, pero después de toda esta explicación la frasecita típica se enaltece: “Si quieres cambiar al mundo, parte por cambiarte a ti mismo”.
parece economía ¡Pero no!
Las necesidades son potenciales cuando comprometen, movilizan y motivan a la persona a hacer algo, convirtiendo esta necesidad-motivación en un recurso; lo cual, previene contra toda reducción del ser humano a la categoría de “existencia cerrada”. Por ejemplo, al trabajar se cubre con la necesidad de hacer, de ser, de tener, de estar, de crear y de participar; por lo que trabajar sería un satisfactor a dichas necesidades, convirtiéndose en un recurso.
:)
:)
martes, 22 de abril de 2008
blancazo
Debería haber estado allá a las 8 de la mañana, pero el sueño podía más y decidí quitar el despertador. Igualmente desperté temprano. El me llamó poco antes de las 8, estaba afuera de la U esperando que caminara por Barros como suelo hacer. A veces nos cruzamos de casualidad, hacemos casi el mismo recorrido y ambos andamos al filo de la hora la mayoría de las veces. Pero en esta ocasión esperó a que cruzara, incluso llamó y yo en casa con cero intenciones de ponerme en pie. Y dormí de nuevo hasta como las 11 y de no tener que estar en el centro a las 12.30 en serio hubiera seguido en la cama, es un martes tan insolente.
Hoy dicen que me dio una pálida, lo cual es raro, considerando que... no empecé ayer. Esto no debería pasar a estas alturas. No sé. Era como estar soñando y quizás aún lo esté. Me volí a casa con miedo a eso de las 4 y algo ya estaba de nuevo en la cama durmiendo como tronco hasta las 7, cuando él llamó; preocupado: "oye, he dormido toda la tarde y me siento como la mierda, ando pegao' y hablo puras weas... qué mierda nos diste?" Qué les dí, de verdad no sé. Sólo sé que la cagó. Era como esa sensación antes de irte por el astral, como que estás y no estás, estás pero no ahí, estás pero en cualquier parte menos donde deberías... Supongo que tuve un mal viaje, y luego de un par de charlas locas he descubierto que lo mejor para esa sensación es una aspirina. así que ya saben, agréguele a su billetera a ese espacio donde guarda el condón, el pase, el papelillo, las fotos emo y todas esas cosas imprescindibles para vivir... su buena aspirina, no está demás el dato. a mí me pasó y puta que es desagradable.
Hoy dicen que me dio una pálida, lo cual es raro, considerando que... no empecé ayer. Esto no debería pasar a estas alturas. No sé. Era como estar soñando y quizás aún lo esté. Me volí a casa con miedo a eso de las 4 y algo ya estaba de nuevo en la cama durmiendo como tronco hasta las 7, cuando él llamó; preocupado: "oye, he dormido toda la tarde y me siento como la mierda, ando pegao' y hablo puras weas... qué mierda nos diste?" Qué les dí, de verdad no sé. Sólo sé que la cagó. Era como esa sensación antes de irte por el astral, como que estás y no estás, estás pero no ahí, estás pero en cualquier parte menos donde deberías... Supongo que tuve un mal viaje, y luego de un par de charlas locas he descubierto que lo mejor para esa sensación es una aspirina. así que ya saben, agréguele a su billetera a ese espacio donde guarda el condón, el pase, el papelillo, las fotos emo y todas esas cosas imprescindibles para vivir... su buena aspirina, no está demás el dato. a mí me pasó y puta que es desagradable.
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